
Tras las inundaciones en Valencia, fuimos a llevar comida a todos los refugios que habían sido afectados. En uno de ellos, nos fijamos en Aslan. Un perro miedoso y desconfiado que había sido maltratado. El pobre gruñia y ladraba a todo lo desconocido.
A pesar de su situación, nosotros le dimos la oportunidad que tanto tiempo llevaba esperando. Al principio la convivencia con nosotros fue difícil ya que no se fiaba de nosotros. Por ejemplo, no nos dejaba acercarnos mucho y menos ponerle la correa para los paseos. Por eso decidimos dejarle la correa puesta hasta que nos dejase acariciarle. Poco a poco fue realizando que ese extraño lugar no era otra perrera sino su nueva casa. A pasado de ser miedoso y arisco a social y jugueton.
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