
Vino de Tarragona, lo tenía una persona medio drogada, pidiendo en la calle, el ayuntamiento lo rescató, fue enviado a la perrera y de allí a su casa definitiva. Le encantan las pelotas y es muy afectuoso, aunque es un terremoto, ya que es un jovenzuelo con mucha energía que no pasa desapercibido. Es muy divertido.
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